Ilustraciones


Si nos detenemos en la majestuosa imagen de la naturaleza que la artista Silvia Viñao nos muestra en su obra última no nos queda más remedio que pensar en un sentimiento romántico de la pintura, ese que busca el alma de las cosas.
Preciosa y certera la obra de Silvia Viñao nos muestra paisajes tenues, de colores suaves que aunque profundos, son una verdadera guía moral y estética, un camino, más bien una huella, un sendero hollado por el alma lastimada, expectante, que escudriña y saborea los restos sublimados de un paisaje que son la vida, toda la vida y una forma de estar en ella.
Aunque resulte ocioso hay que aclarar que sus ¿paisajes? no reflejan lugares concretos de la Región o de cualquier otro lugar. Lo son, evidentemente, pero no de una manera realista y abiertamente reconocibles. Son y no son esos lugares, pues podrían ser cualquier otro, porque lo que hay en ellos es la sensación personal de la creadora, su alma impregnada y en comunión con la naturaleza. Lo que en estos cuadros aparece no es un lugar concreto, sino el lugar mismo de la naturaleza, su alma esencial y perenne.
Antonio Parra.
(Adaptación de unos fragmentos del prologo del libro La corriente del Tao, Pictografía Ediciones, 2013, para el flyer de Encuentros con 2013).

EL TAO DE SILVIA

Como una muchacha pescadora
de un poema de Chi Wen *,
atado a la cintura un delantal
azul como el mar, en la cabeza
un sombrero de bambú, la pintora
otea el horizonte. Lleva enrollado
el lienzo alquitranado
para envolver su captura:
unas bandadas de aves,
las espumas y el viento,
la tormenta y las profundidades,
los pinos costeros inclinados,
los colores, los celajes
de las estaciones del Cielo.
Soren Peñalver

* Poeta de la Revolución Cultural (Siglo XX).